Cómo los tatuajes duelen. Y las experiencias también.


El tatuaje que me hice en Samoa me dolió tanto que estuve a punto de abandonarlo a la mitad, pero sentía que debía sufrirlo al igual que la experiencia que tuve durante dos meses en dicho lugar., la cual titulé “RR” Resistencia y Recompensa.
Talvez llevar conmigo para siempre el símbolo del tatuaje samoano en mi piel, representa justamente eso que viví: dolor, angustia pero con una resistencia a soportarlo sabiendo que al final llegaría la recompensa de lo vivido. 
Por que digo que experimente dolor y angustia durante mi estancia en Samoa? 

En Samoa los niños trabajan. Son “pequeños grandes” padres de sus hermanitos, además de carpinteros, cocineros, camareros, asistentes de limpieza, recepcionistas, atienden el bar, manejan el dinero y hasta gerencian estancias de vacaciones. 
Me sorprende como cumplen con todos sus deberes sin renegar. Por el contrario, algo que caracteriza a los samoanos es que siempre se los ve felices y sonriendo. 
Realmente lo son?
El padre de familia es el jefe y todo lo que el diga debe cumplirse. Un patriarcado hasta la muerte. 
Incluso cuando manda a sus pequeños, pero fuertes, hijos a cargar baldes de arena mientras el mira como lo hacen y da órdenes. 
Entre esas manos que cargaban los baldes estaba yo, que no soy una niña, pero la rabia en mi cara no la podía disimular. La Niña de 10 años cargaba el mismo volumen de arena que yo y lo trasladábamos a unos 200 metros cruzando la carretera. 
Ella sonreía. Yo estaba seria y con todos los músculos faciales tensos. 
En mi mente y todo lo que absorbí culturalmente desde mi infancia, no podía comprender cómo aquel hombre hacía cargar los baldes de arena a su hija de 10 años mientras él observaba y daba las indicaciones. 
La Gran niña solo requería mi ayuda en que le coloque el balde de arena en su hombro derecho, y ahí la veía: alejarse...cruzando la carretera con su cuerpo doblado sacando fuerzas vaya a saber uno de donde... 
Situaciones cómo estás viví todo el tiempo que estuve acá. 
Luego de los primeros 15 días quería irme. No podía soportar tanto choque cultural. 
Estaba sufriendo una crisis, y debía conversar con alguien. 
Luego comprendí que estoy de visitante. No puedo venir acá y querer cambiar las reglas. 
Desde el momento en que aterrice en Samoa sabía que tenía que adaptarme, aunque jamás imaginé que sería tan difícil. 
Más de 5 veces estuve a punto de irme. Pero algo dentro mío me decía que resistiera. 
Sí. Esa es la palabra que me movió las entrañas. RESISTIR. Mi voz interior me lo ordenaba, tenía que hacerlo. Algo me decía que la recompensa llegaría después. 
Y así fue, después de dos meses viviendo y trabajando con la familia de “T.” puedo afirmar que aprendí muchas lecciones.
Samoa fue mucho más que un voluntariado. Fue aprendizaje, choque cultural, lenguaje no verbal, risas, familia, trabajo, niños que llevan vidas de adultos, adultos que son jefes de familia cual tribu isleña, pero por sobre todo aprendí acerca de las "dos R": Resistencia y Recompensa.
Y estoy agradecida por eso. 
Samoa 8 de Enero del 2019.