Volver a nacer: Un encuentro con un tigre en el medio de la jungla Nepalí (Tikauli Jungle)

Era Mayo del 2017, me encontraba en Nepal más precisamente en el Distrito de Chitwan, conocido por sus junglas frondosas y variedad de animales que la habitan.


En ese momento estaba viajando con mi compañero Toni y como lo hacíamos con un presupuesto muy acotado decidimos ir de excursión a la selva por cuenta propia. 

Muchas empresas te ofrecen el paseo en una 4X4 para avistar todo tipo de animales, desde aves, jabalíes, rinocerontes y si tienes mucha suerte: TIGRES. Estos últimos nos comentaron que eran muy difíciles de ver, ya que escapan apenas escuchan el ruido del jeep.


Nosotros decidimos que era mejor idea alquilar una moto e ir por nuestros propios medios. Así que esa misma tarde nos embarcamos a la aventura. Sabíamos que los mejores horarios eran o por la mañana o al atardecer, ya que es cuando los animales salen en busca de alimento.


No sabíamos muy bien cuál era la entrada a la jungla dado que ningún cartel lo indicaba, pero vimos un camino de tierra y hacia allá fuimos. Al comienzo de dicho camino apareció, como por arte de magia, un anciano con una sonrisa tan luminosa que hasta el día de hoy la tengo grabada en mi retina. No hablaba inglés ni nosotros Nepali, pero no hizo falta decir ni una palabra que cuando paramos la moto para saludarlo y preguntarle si estábamos en el camino correcto comenzó a cantar sin dejar de mirarnos a los ojos y sonreír. Fue una situación muy extraña, pero a la vez agradable. No entendíamos qué estaba sucediendo y ambos nos mirábamos el uno al otro con cara de interrogación.  Tal vez mas tarde lo comprenderíamos. 

Cuando el anciano terminó su canto celestial, nos dio una palmada en la espalda a cada uno y se fue. 


Empezamos a recorrer el camino de tierra a moto y cada unos 200 metros frenábamos y apagábamos el motor para escuchar los sonidos de la selva y ver si podíamos avistar algún animal haciendo silencio absoluto.


Debo admitir que no tenia la mas mínima intención de encontrarme con un rinoceronte, y mucho menos con un tigre, pero al mismo tiempo me recorría por las venas una adrenalina que me hacía estremecer por que sabía muy bien que lo que estábamos haciendo era una aventura muy riesgosa y que las posibilidades de encontrarnos con un animal que no quisiéramos, existian. 


Vimos pájaros enormes, escuchábamos a los monos pasarse de rama en rama y comunicarse entre sí y hasta vimos a unos jabalíes del otro lado de un arroyo que pasaba paralelo al camino.


El atardecer había comenzado y en la jungla había cada vez menos luz y más sonidos.


En la moto íbamos lo mas lento posible, casi tocando el suelo con los pies, para poder hacer el mínimo ruido.


Le susurré a mi compañero que se detenga, que me pareció ver algo grande entre los pastizales - “allá más adelante"  le señalé. 


Toni apagó la moto y ambos nos quedamos arriba de ella sin hacer ningún ruido ni movernos, entonces le indiqué con mi brazo el lugar exacto en donde estaba viendo algo grande pero no estaba segura de lo que era, solo veía que era un animal entre los pastizales. 


Decidimos bajar de la moto y en puntitas de pie caminamos directo hacia el animal en cuestión, como hipnotizados y curiosos por saber que era eso tan grande que estaba recostado sobre el pasto y del que solo se veían una orejas que se movían como radares (detectando claro, nuestros pasos).


A medida que cada cual hacía su hipótesis en su cabeza e íbamos avanzando de a pasos silenciosos hacia el animal vimos que era un TIGRE. Sí, un tigre recostado en los pastizales de aquella jungla solitaria en la que aparentemente solo estábamos Toni yo y el mismísimo animal. 


Afortunadamente ninguno de los dos tuvo una reacción incontrolable de gritar o correr, sino que nuestro instinto de supervivencia hizo que ambos nos miremos a los ojos (jamás olvidaré la cara de Toni y probablemente él tampoco la mía) y caminemos en puntitas de pie, pero esta vez muy rápido y hacia la moto. Fueron los 15 metros más largos de mi vida. Estaba tan asustada y fuera de mí que me subí primero a la moto y no le dejé espacio a Toni para que subiera, así que me tube que bajar y dejar que suba él primero ya que él manejaba. Toda esta situación habrá sucedido en pocos minutos pero para mí fueron horas de terror. Sentía como me bajaba la presión y lo único que necesitaba en ese momento era estar en la habitación del hostel, necesitaba sentir esa seguridad de estar entre cuatro paredes, era todo lo que deseaba en ese momento. 


Las sensaciones que tuve fueron muy extrañas, es difícil ponerlo en palabras pero sentí un silencio profundo como si de repente le hubiesen apagado el volumen a mi vida, no escuchaba nada, mis oídos se ensordecieron. Nos alejamos con la moto y ni siquiera tuve el coraje de mirar hacia atrás, Toni me pidió que lo haga, pero creanme que si yo me giraba y veía al tigre atrás nuestro persiguiéndonos la historia hubiese sido otra. 


No sé cuanto recorrimos con la moto pero de repente vimos a dos guarda-parques adentro de un refugio de madera, ambos con escopetas, cuando nos acercábamos ellos ya salieron de la guarida y nosotros muy asustados les contamos lo sucedido. Nos dijeron que fuimos muy afortunados, que no todo el mundo ve tigres y que la gente paga para verlos y nunca los ve. Yo le respondí que no tenia intención de verlo y que para mí la suerte es poder estar hoy contándolo y haber aprendido de esta experiencia. Nunca más vuelvo a poner en riesgo mi vida de esa manera. Hoy es una de las anécdotas, si no la más, "terrorífica" que viví.


Jamás deseamos tanto llegar a la ciudad de nuevo, sentirnos a salvo en el hostel.

Luego de intentar procesar lo ocurrido y conversarlo por largo rato con Toni, llegamos a la conclusión de que aquel canto del anciano a la entrada de la jungla fue una especie de “bendición” o como quieran llamarlo, de cierta manera nos protegió, dado que el tigre jamás intentó atacarnos, estaba recostado en el verde, tranquilo y al parecer estaba satisfecho o haciendo la digestión, quién sabe.

Aquel hombre con aquella canción, su sonrisa y las palmadas que nos dió en la espalda tal vez fueron una manera de decir “todo estará bien”; Y lo estuvo.